Cine sonoro sin banda de diálogos
Ante todo, es preciso señalar la diferencia que existe entre cine sonoro y cine hablado. El segundo concepto es una variante del primero, y consiste en la sustitución de los diálogos que anteriormente venían escritos en rótulos intercalados en la acción del film, por su expresión verbal. Por el contrario, una película no es muda porque los actores no hablen; solamente será muda cuando éstos reciten diálogos inaudibles, que, por ser necesarios para comprender el desarrollo del argumento, deben ser escritos en rótulos o subtítulos. Obras como el film japonés La isla desnuda(Kaneto Shindo, 1960) no son mudas, sino que son películas sin diálogo.
El sonoro es un concepto más general. En un sentido amplio, la casi totalidad del cine había sido sonoro. Tengamos en cuenta que las proyecciones iban generalmente acompañadas por interpretaciones musicales. Y si no encontramos diferencias apreciables (en cuanto al cine se refiere) entre una interpretación de piano en directo y el sonido mecánico de una pianola accionada por la manivela que arrastra la cinta perforada (componente sonoro del cine silencioso), tampoco podemos encontrar diferencias sustanciales entre el funcionamiento de esa pianola y el reproductor de grabaciones en disco o banda óptica (componente sonoro del cine sonoro).
Admitamos, por lo tanto, que diferenciar entre aquel silencioso y este sonoro reducido a una banda musical grabada, es una decisión puramente convencional. Desde el punto de vista del realizador o del espectador, la forma narrativa del film no se ve alterada y el calificativo diferenciador de «sonoro» se fundamenta exclusivamente en el hecho de reproducirlo por medio de un artefacto que funciona con energía eléctrica. Destaquemos, no obstante, la importancia que tuvo en su momento la utilización de este irrelevante truco técnico, que pudo haber pasado desapercibido de no ser por la campaña publicitaria que acompañó la difusión del mismo. Además, teniendo en cuenta la deficiente calidad de reproducción sonora de aquellos equipos, el que vinieran a sustituir a las habituales interpretaciones en directo de las mismas partituras, no supuso una mejora, sino, más bien, un importante retroceso.
Las siguientes fases en la evolución del sonoro trajeron consigo la incorporación de efectos (pasos, ruidos de tren, de automóvil, cañonazos, etc....), de música cantada por el mismo intérprete que aparecía en imagen y, además, la sensación de sincronía. Pero tengamos en cuenta que antes de filmar las canciones se tomaba el registro sonoro correspondiente, y el trabajo de sincronización se realizaba a la inversa, de un modo semejante a las actuaciones de TV con play back. Así pues, desde el comienzo del llamado cine sonoro (imagen con sonido acoplado), encontramos el procedimiento inverso camuflado dentro de la misma actividad: canciones (sonido previo) con imágenes postsincronizadas, en parte a la hora de rodar y, finalmente, en montaje. Al ponerse en práctica este método -el cual sigue vigente, tanto en el cine musical como en el videoclip-, el elemento de nueva incorporación pasa a ser básico a todos los efectos, con lo que la supremacía indiscutible de la imagen sobre la banda sonora -orden jerárquico establecido por los principales teóricos del audiovisual- queda frecuentemente en entredicho, y no sólo en el caso eventual de aplicación incorrecta de la norma, sino a causa de las propias limitaciones del medio.

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